Una actividad quizá no muy conocida pero importante dentro de la tarea conservacionista es la del anillamiento científico de aves. Un mundo complejo, preciso y relativamente joven en el tiempo, que nos ofrece una fotografía de la realidad de los ecosistemas a través de los pobladores más sensibles a los cambios y las agresiones. Así, las aves se convierten en testigos principales del estado de salud del planeta, a la vez que nos regalan su gracia y su belleza, emplumada y colorida.Esta hermosa estampa se la debemos a unos luchadores incansables. Anilladores, ornitólogos, amantes al fin y al cabo de la naturaleza, con un objetivo común y global, y con la única recompensa de la satisfacción del trabajo bien hecho.
Miles de ellos por todo el mundo, de manera silenciosa y abnegada, ceden cada semana unas horas de su tiempo para disfrutar y conocer más a estos animales. Se adelantan al alba y preparan el material, discuten e intercambian información, en un ritual casi mágico y atemporal.
Esta semana hemos podido disfrutar en compañía de los amigos de SEO-MONTÍCOLA, en la estación de San Martín de la Vega.Quizá una forma de agradecimiento personal pueda ser acercarse a ellos, compartir de este legado y colaborar en la recepción y transmisión de este conocimiento.
Un abrazo forestal.